Rattenbach. Osvaldo Bayer · · · · ·
 
   
Rattenbach
Osvaldo Bayer · · · · ·
 
09/04/06
 

 

La ocupación y posterior guerra de Malvinas fue un parte aguas de la
vida política argentina. Respondió a una estrategia de los mandos
militares para perpetuarse en el poder, que no puede ser reducida a la
adicción al wisky de un general genocida. Churchill tenía pocos
momentos de lucidez pero no se puede responsabilidad al scotch por la
guerra fría. Y esa estrategia de la dictadura contó - como el golpe de
1976 - con el apoyo explícito de gran parte de la dirigencia política
tradicional y la confusión de una buena parte de la sociedad. Deolindo
Bittel titular del  justicialismo, Carlos Contin, punto referencia del
radicalismo, el ex presidente, Arturo Frondizi, del Movimiento de
Integración y Desarrollo, Francisco Cerro de la Democracia
Cristiana y Abelardo Ramos por el Movimiento Patriótico
de Liberación, no ahorraron palabras y gestos de apoyo a la
decisión de la junta militar. También una fracción de la izquierda
apoyó fervorosamente esta aventura sangrienta, que correctamente el
presidente Néstor Kirchner acaba de calificar a la guerra de Malvina
como otro de los crímenes de la dictadura. Aunque poco se ha dicho
todavía de quienes en el país y en el exilio, desde ese mismo 2 de
abril, dividieron aguas denunciando la maniobra criminal, la
manipulación mediática, el latrocinio de las donaciones y el perverso
abandono de los ex combatientes. Este es el aporte de este excelente
articulo de Osvaldo Bayer que reproducimos a continuación. SP-Argentina.

"En derechos humanos se están poniendo algunos puntos sobre las íes.
Lo de Malvinas, por ejemplo. Decir la verdad. Decir que fue una
búsqueda desesperada de los militares para salvarse. La figura
espantosa de un general Galtieri con la botella de whisky en la mano
que manda a la guerra a morir a centenares de jóvenes no preparados.
Lo escribí en aquellos días, cuando la mayoría de los argentinos se
emocionaron y fueron a la Plaza de Mayo a aplaudir al siniestro
uniformado. Dije que a las Malvinas había que recuperarlas con otros
medios, no con las armas. Con la razón de la verdad. Dando el ejemplo
de que somos un país democrático y amante de la vida y los derechos, y
no un engendro de dictaduras, desaparición de personas y el reino de
la coima. Y terminó como lo habíamos previsto: con la mezquina muerte
de los jóvenes soldados y la rendición de sus cobardes generales.
Parece un grotesco sainete de Alberto Novión, con una escenificación
de Dario Fo. Una obra de arte de la cobardía trágica. Pero todo
horriblemente banal azul y blanco, con sol. Todo usado para el
provecho propio. Para poder quedarse en el poder después de los
crímenes de la máxima crueldad, con el ataúd de los desaparecidos
debajo del escritorio presidencial. Malvinas: la única guerra del
mundo donde murieron los soldados y se rindieron todos los generales,
almirantes, brigadieres, coroneles, vicealmirantes, contraalmirantes,
mayores, capitanes, sargentos, cabos primeros. Y todos esos generales,
almirantes y brigadieres van muriendo en la cama, poco a poco, con
pensión completa.
Pero el cinismo siguió también en democracia, se empezaron a hacer
monumentos a los Héroes de Malvinas mientras los ex soldados
comenzaron a suicidarse. Los Héroes que en realidad fueron Víctimas.
Sí, los de abajo, no los con jinetas que siguieron cobrando sueldos,
pensiones y retiros. No, los que en un primer tiempo tuvieron que
salir a mendigar, los de marrón terroso que habían soportado las
bombas y las balas.
Ya en democracia tendría que haberse dicho la verdad y no encubrirla.
Por ejemplo, publicar oficialmente el Informe Rattenbach, la verdad
sobre los hechos. Acusar con la verdad al crimen irresponsable de
Galtieri y sus generales. El Informe Rattenbach tendría que haberse
repartido en edición oficial y haberse organizado grandes debates en
los organismos de cultura, para que la sociedad supiera cómo fue
engañada pero al mismo tiempo qué fácil cayó en el aplauso fácil de
los sumisos y dominados. Pero no, ni Alfonsín ni Menem ni De la Rúa se
dieron por enterados.
¿Cómo se creó esta comisión investigadora?
La derrota fue tan vergonzosa que la Junta Militar derrotada tenía no
sólo que cambiar a Galtieri sino también nombrar a una comisión
investigadora militar de por qué se había perdido la guerra. Lo hizo
para ganar tiempo y para lavar la ropa sucia. Pero, para aparecer
honestos tenían que nombrar a alguien absolutamente honesto e
incorruptible. Fue al teniente general Benjamín Rattenbach a quien le
tocó la misión de presidir tal comisión. Comisión que era sólo de
"análisis y evaluación".
Pero Rattenbach y su comisión en vez de producir un informe que dijera
algo para ocultar todo, fue al fondo de la cuestión. Y lo dice en su
informe final: "La fuerza, empleada equivocada e inoportunamente, no
es el medio idóneo para hacer valer los derechos frente al adversario
y ante la comunidad internacional". En los considerandos ya se
establece que el clima no era el mejor para iniciar la invasión ya que
"existía en numerosos países, particularmente en los países europeos, un rechazo hacia el gobierno argentino, por la cuestión de los
derechos humanos". Frase fundamental. Sobre la improvisación
irracional de la dictadura, establece: "...las capacidades del enemigo
han sido consideradas en forma poco profunda, al igual que el análisis
de la probable reacción británica, no existiendo certeza acerca de qué
documentos o funcionarios fueron consultados". Y "el escasísimo aviso
previo que se dio a las unidades propias para cumplir misiones de
guerra provocó que se enviasen a Malvinas tropas sin adiestramiento ni
equipamiento adecuado". Se expresan claramente las "fallas de
coordinación entre comandos", la "falta de preparación del personal y
material" y la "falta de información del enemigo". Además, "no existía
un plan de defensa de las islas en caso de que Gran Bretaña decidiera
recuperarlas por la fuerza". Improvisación total. Luego, el informe
califica a las medidas de las tres armas como "irreflexivas y
precipitadas" que la convirtieron "en una aventura militar, sobre todo
cuando se hizo efectiva la reacción bélica británica". Pero el
dictamen de la comisión investigadora no se reduce a la
responsabilidad de los militares sino también de los medios de
información argentinos "que contribuyeron a una pérdida generalizada
de oportunidad".
Se refiere también a las fanfarronadas oficiales, absolutamente
irracionales, como cuando Galtieri dijo desde el balcón de la Casa
Rosada: "si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla", o de
Costa Méndez, el canciller argentino tan derechista y católico: "La
bandera argentina no será arriada mientras corra una gota de sangre
por las venas del último soldado argentino que defiende las islas
Malvinas". El primero en arriarla fue el general Mario Benjamín
Menéndez, el comandante de la isla. Bravuconadas de Galtieri y Costa
Méndez que costaron la vida de centenares de jóvenes. Luego, la
investigación irá a la parte de preparación militar. La
irresponsabilidad fue iniciar una guerra cuando "la clase 1963 no
había completado su instrucción básica ni se había completado la
instrucción elemental de tiro y combate". "No se previeron las
necesidades de orden logístico" que "fue causa de serios problemas de
desnutrición" de los soldados. Además de la "falta de capacidad
integral de la flota". El 60 por ciento de las bombas argentinas sobre
buques británicos "no explotaron porque no tenían su tren de fuego
preparado para blancos navales". Con respecto al comandante militar de
Malvinas, general Menéndez, hay una frase en el Informe que lo
avergüenza para siempre: "Observamos un escaso empleo de lo que
nuestra doctrina señala como un arbitrio esencial para la conducción:
la presencia del comandante". Que en buen castizo quiere decir: El
general Menéndez se borró. Al general Parada, el informe lo deja
desnudo: "Existió en la Brigada Infantería III una profunda ignorancia
sobre el estado de las Fuerzas, lo que tuvo su origen... en la
ausencia del comandante, quien instaló su puesto de comando en una
casa donde vivía con gran parte de su Estado Mayor y personal de
seguridad. El general Parada concurrió a su Estado Mayor en pocas
ocasiones. Su particular forma de mando le hacía no considerar los
asesoramientos de su Estado Mayor". Además, señala: "Para nuestra
inteligencia militar, los enemigos fueron Chile en el marco externo y
la subversión, en el marco interno". En sus conclusiones dice del
comandante, general Mario Benjamín Menéndez: "No exhibió ni evidenció
las aptitudes de mando y arrojo indispensables en la emergencia, y no
fue en esa oportunidad –única en su vida militar– el ejemplo y la
figura que la situación exigía frente a las tropas".
Finalmente se encuadra en lo penal a Galtieri, Anaya, Mabragaña y
Reposi en delitos que merecen la pena de muerte o reclusión por tiempo
indeterminado y otras penas para altos jefes. Se llega así también a
Astiz "por haberse rendido sin oponer resistencia". Es decir, el
delator de las Madres y de las monjas francesas quedó como cobarde en
la investigación de los propios militares.
Un documento que sirve para demostrar todo el interior obsceno de los
militares del "proceso" de desaparición de personas. Un documento para
que sea conocido por todas las generaciones que sufrieron el régimen y
para las venideras, a fin de que luchen siempre por la verdadera
democracia y la libertad. Las secretarías de Cultura del país deben
editar y repartir este libro de esta guerra que utilizando un motivo
noble llenó al país de vergüenza y de la muerte de centenares de
jóvenes.
Desaparición de personas y derrota moral y material de Malvinas. Dos
antecedentes para pensar en luchar por un futuro sin hambre, sin
desocupados, sin dictaduras uniformadas, sin monumentos a la
violencia.

Osvaldo Bayer es escritor, historiador del movimiento obrero argentino y periodista. Colabora regularmente en Página 12

Página 12, 8 abril 2006