Reino de España: qué hemos ganado con la Huelga General. Litus Alonso · · · · ·
 
   
Reino de España: qué hemos ganado con la Huelga General
Litus Alonso · · · · ·
 
28/11/10
 

[ Este artículo podrá comentarse en nuestra página en facebook: http://www.facebook.com/pages/SinPermiso/106764166044474 ]

Tras el éxito, no absoluto pero incontestable, de la huelga general (HG) del pasado 29-S, el  movimiento sindical se enfrenta a una realidad que no proporciona muchos motivos para el optimismo. Se ha remodelado el gobierno, pero aún no hay atisbos de una modificación de su política. Los Presupuestos del Estado para 2011 agravan y prolongan el ajuste. Se exigen, desde las instancias habituales (UE, FMI, Banco de España y un surtido diverso pero monocorde de "think tanks" del capital), nuevas medidas  para profundizar en el rumbo antisocial emprendido. El paro crece, como crece el número de personas que agotan su acceso a la prestación por desempleo u otros subsidios. En el terreno europeo, la crisis de Irlanda sucede a la de Grecia y precede, quizás, la de Portugal; la ficha siguiente del dominó sería el Reino de España. Y el calendario inmediato se presenta cargado de amenazas: a la ya anunciada y aún pendiente reforma del sistema de pensiones, se suma una posible reforma de la negociación colectiva, considerada desde la patronal como la ocasión para asestar un hachazo a la capacidad sindical de regular las condiciones laborales.

Ciertamente, la realidad no invita al optimismo. Y, en este contexto, es inevitable que surja la pregunta de qué hemos ganado con la HG, más allá de la cierta pero poco consoladora afirmación de que no hay peor derrota que la de perder sin lucha. Sin embargo, la verdad es que, ante este lúgubre panorama, el movimiento sindical y la clase trabajadora estamos mejor situados después que antes de la HG. Haciendo un símil con el boxeo, podríamos decir que en este combate vamos perdiendo por puntos, pero la HG ha evitado que caigamos a la lona derrotados por KO, amén de abrir la posibilidad de cambiar el resultado final. Trataremos de explicarlo.

Primero, era notorio que una de las dificultades en la convocatoria de la HG radicaba en el hecho de que, en una situación de crisis, fuera un gobierno socialdemócrata el principal destinatario de la misma. Para un sector de la población, esto significaba un callejón sin salida: por un lado, si "los míos" aplican estas políticas, es que no debe haber otras practicables; por otro, la única alternativa posible es el PP. Así que sólo quedaba la resignación y dejarse corroer por el descontento silencioso. La HG, en cambio, ha ofrecido una vía de expresión en positivo de este descontento: exigimos otras políticas, que no carguen el coste de la crisis sobre la mayoría menos acaudalada de la población, y las exigimos con independencia de quien gobierne.

Segundo, la ausencia de HG habría casi eliminado del debate social y político la existencia de alternativas a la política de ajuste y recortes sociales. Sin respuesta en la calle y los centros de trabajo, cerca de la marginalidad la oposición parlamentaria a dicha política (7 de 350 diputados/as), la consecuencia hubiera sido la certificación del carácter inamovible de las medidas ya tomadas y la presunción de un amplio consenso social, de buen grado o no, ante todas las que puedan venir. La HG ha sido, y sigue siendo, el instrumento que permite mantener en la agenda la discusión sobre qué política adoptar para salir de la crisis. Volveremos más tarde sobre ello.

Tercero, la HG reafirma el papel de los sindicatos como representación organizada de la clase trabajadora y, por tanto, sujeto colectivo de la confrontación de intereses de clase. Ante tanto informe de "expertos", tanta presión de "los mercados", tantas directrices uniformemente neoliberales de organismos internacionales y tanta coincidencia mediática en el inevitable desmantelamiento del estado del bienestar, sólo los sindicatos, gracias a la HG, ejercen de antagonista real del pensamiento único (y de su puesta en práctica). Por si sola, la valiosa, y valiente, aportación desde algunos círculos políticos, académicos, artísticos, etc., frente a dicho pensamiento único no sería suficiente para jugar ese papel. El movimiento sindical ha evitado ser barrido de la escena, y sigue siendo la principal fortaleza en la defensa de los derechos sociales y económicos de la mayoría de la población.

Cuarto, el importante grado de seguimiento de la HG mantiene la presión sobre el PSOE, evitando que pueda deslizarse a tumba abierta en el desarrollo de las medidas liberales. La HG ha marcado límites, y esos límites ha de contemplarlos el PSOE y su gobierno si no quiere que sus perspectivas electorales pasen de la derrota a la debacle. Mantener la esperanza en una luz al final de su desastroso túnel político pasa por, si no atender, al menos tener muy en cuenta las exigencias y aspiraciones expresadas con la HG.

Ciertamente, todos estos elementos pertenecen al capítulo de intangibles, pero no por ello dejan de estar presentes, y ser relevantes, en la realidad cotidiana. Y operan ante las citadas amenazas futuras, que conviene recordar.

Por un lado, la anunciada reforma del sistema de pensiones. Aún sin existir un proyecto redactado, sabemos que sus principales contenidos podrían consistir en alargar la edad de jubilación de 65 a 67 años,  aumentar los años de cotización para tener derecho a una pensión completa y, posiblemente, un recorte adicional de la cuantía de las pensiones. A las históricas y muy interesadas admoniciones sobre la presión demográfica (en el futuro habrá menos cotizantes por pensionista) se añaden las actuales urgencias de reducción del déficit público. En el debate mediático parecen no tenerse en cuenta dos importantes factores: que, a pesar de la crisis, la Seguridad Social sigue generando superávit y que, además del número de cotizantes, lo decisivo es el importe de las cotizaciones. Con un salario de 35.000 € brutos anuales, se cotiza 4 veces y media más que con el salario mínimo (8.860 €). En un futuro de cotizantes con salarios bajos, el sistema estaría en riesgo. Evidentemente, quienes quieren recortar las pensiones también tienen en la cabeza, con indisimulado anhelo, ese futuro.

Por otro lado, la reforma de la negociación colectiva es un asunto pendiente desde hace años. Los sindicatos  quieren racionalizar su compleja estructura (convenios estatales, autonómicos, provinciales, de empresa), adecuarla a las nuevas realidades (nuevos sectores, grupos de empresas,...) y  extender la cobertura de los convenios a los millones de trabajadores no adscritos a ninguno. Por parte de la patronal CEOE se contemplan otros objetivos: reducir el alcance normativo de los convenios, favorecer el descuelgue de los mismos, eliminar la prórroga de los existentes mientras no se firma uno nuevo, reforzar el papel de la "negociación" individual,...  En el marco, más favorable, creado por la reforma laboral, la patronal quiere librarse de las ataduras que impone la negociación colectiva tal como existe.

Junto a estos peligros conocidos, flota en el ambiente la posibilidad de que el gobierno haya de adoptar un llamado plan B. En realidad, una nueva y dolorosa vuelta de tuerca a la política de ajuste y recorte social. Todo ello, claro está, para dar tranquilidad a "los mercados" y evitar el riesgo de contagio por lo acaecido en Grecia e Irlanda. El capital y sus secuaces reclaman más carne en el altar del sacrificio de los derechos sociales, y pregonan que su hambre no será saciada hasta que se recorten las pensiones, se reduzcan los impuestos de sociedades y sobre el capital (¡que gran ejemplo el de Irlanda, manteniendo en el 12,5% su impuesto de sociedades -frente a un 25% de media en la UE- en medio de un plan de ajuste salvaje!), se disminuyan los presupuestos dedicados a sanidad y educación públicas, se abaraten los costes salariales,...

Frente a todo ello, CCOO y UGT tienen previstas dos tipos de iniciativas, una inmediata y otra a medio plazo. En lo inmediato, el 15 de diciembre está convocada una Jornada de movilización europea, en la que aquí se ha decidido participar mediante asambleas y concentraciones en los centros de trabajo, principalmente en las empresas afectadas por expedientes de regulación o con la negociación de sus convenios bloqueada. Para el 18 de diciembre se convocan también grandes manifestaciones en un gran número de ciudades, con la exigencia de un giro en las políticas que motivaron la HG del 29-S.

A medio plazo (principios de 2011), se va a elaborar y presentar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) con las propuestas sindicales sobre mercado de trabajo, modelo productivo, estado del bienestar y política fiscal: o sea, con las alternativas sindicales a la crisis. Una ILP es el mecanismo establecido para que se puedan presentar en el Parlamento proposiciones de ley directamente desde la ciudadanía. Se requiere que la ILP venga avalada por, al menos, 500.000 firmas de personas pertenecientes al censo electoral.

La ILP va a permitir que los sindicatos publiciten sus propias propuestas, que desarrollen un trabajo duradero y muy capilar, llegando a gran número de trabajadores y trabajadoras para recabar su apoyo personal, que otras organizaciones y movimientos sociales se sumen a la campaña, trabajando en sus ámbitos respectivos, que el debate político y social salga más allá del Parlamento y se convierta en un debate ciudadano. La ILP va a significar, también, que la parte más activa de los sindicatos (sus delegados y delegadas) combinen en su trabajo cotidiano la atención a los problemas propios de su empresa o sector con la explicación de unas propuestas que interesan al conjunto de la población trabajadora, enlazando lo particular con lo general. En su caso, la presentación y debate de la ILP en el Parlamento podrían acompañarse de nuevas movilizaciones, cuya modalidad y alcance están por definir, que mantendrían y amplificarían la presión por un cambio de políticas.

Durante este período, va a seguir funcionando el "diálogo social" en torno a la negociación colectiva y el sistema de pensiones. Los sindicatos tienen claro que han de participar y aportar sus propuestas, pero también que no pueden caer en la trampa de que el diálogo desactive el necesario trabajo de movilización social sostenida, ni de que se convierta en una trampa para que el gobierno se lave la cara por su política antisocial, haciendo ver que busca consensos y que, al final, se ve obligado a legislar en la misma línea que hasta ahora. La patronal, menos preocupada por su imagen pública, se inclinaba inicialmente por no renunciar a sus objetivos máximos, consciente de que así abocaba al fracaso cualquier diálogo y de que, finalmente, el gobierno legislaría en su favor. Ahora, aunque no descarta tal posibilidad, sabe que la HG ha puesto un poco más difícil ese final feliz y tendrá que modular su actuación; además, está en pleno proceso de renovación de su cúpula dirigente, tras el fiasco de su ya dimitido presidente, Gerardo Díaz Ferran.

La Jornada europea del 15 de diciembre, las manifestaciones del 18 y la ILP son buenas iniciativas. Sin embargo, también ayudan a poner de manifiesto la gran carencia del movimiento sindical europeo: su incapacidad para ejercer en el ámbito de toda la UE el mismo papel de lucha y movilización que llevan a cabo dentro de cada estado miembro. El 29 de septiembre hubo HG en el Reino de España; antes había habido varias HG en Grecia; antes y después, huelgas y manifestaciones masivas en Francia; en Italia, mientras se escriben estas líneas hay una gran manifestación en Roma, que sucede a otras cuantas anteriores; en Portugal, hubo HG el 24 de noviembre, con un impacto similar al 29-S. Por doquier, la clase trabajadora y sus sindicatos, junto con otros sectores de la población, están movilizándose contra las políticas de ajuste y en defensa del empleo y del estado del bienestar. Pero las convocatorias de ámbito europeo, tanto el 29-S como el próximo 15-D, no pasan de tímidos intentos de coordinar luchas que se desarrollan, fundamentalmente, en clave nacional. Todas y todos juntos por los mismos objetivos, pero en cada estado abordando el momento decisivo de la lucha por separado. Mientras el Ecofin (reunión de los ministros de finanzas de la UE) o el Consejo europeo adoptan, de un día para otro, decisiones que perjudican la calidad de vida y las rentas de toda la población europea, la respuesta sindical y social es, aunque firme en muchos casos, dispersa en el espacio y en el tiempo.

No parece que esta carencia vaya a cubrirse a corto plazo, y sus razones no son motivo de este artículo. Lo que toca, pues, es trabajar por el éxito de las iniciativas y movilizaciones ya convocadas.

Porque el objetivo no consiste sólo en mantenerse en pie y no caer a la lona, que no es poca cosa, sino en acabar ganando el combate. Y esto, aunque muy difícil, sigue siendo posible.

Litus Alonso, colaborador habitual de SINPERMISO, es actualmente miembro de las Ejecutivas estatal y de Catalunya de Comfia-CCOO (Federación de Servicios Financieros y Administrativos); también es delegado sindical en el BBVA.

sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando unaDONACIÓN o haciendo unaSUSCRIPCIÓN a la REVISTA SEMESTRAL impresa


 

www.sinpermiso.info, 28 de noviembre de 2010